Skip to Content

Sacudidos por una serie de apagones, los cubanos llegan al límite de su capacidad de resistencia

Análisis de Patrick Oppmann, CNN

Entre el primer y el segundo apagón nacional que sufrió Cuba en julio, estaba en una fila detrás de dos psicólogas que vestían batas médicas blancas y hablaban abiertamente sobre sus pacientes.

“No me preocupan las personas que dicen que están estresadas”, le dijo una a la otra psicóloga en la fila para comprar alimentos que llegan semanalmente en camiones desde el campo. “Son las personas que dicen que están bien. Algo realmente no está bien con ellas”.

La red eléctrica de Cuba volvió a fallar el martes, por tercera vez este mes, dejando a casi 10 millones de cubanos a oscuras y sumidos en una mayor incertidumbre. La ansiedad por el futuro alcanza aquí niveles nunca vistos.

A medida que la economía de la isla gobernada por los comunistas se desmorona y el Gobierno de Trump aumenta las sanciones, cada vez más severas, la revolución cubana parece estar dando sus últimos suspiros.

Pero si algo he aprendido en casi 15 años de vivir en La Habana es cuánto pueden soportar los cubanos y qué tan efectivo es el Gobierno para mantener el control.

La vida, que nunca ha sido fácil para la mayoría de los cubanos, se ha vuelto extremadamente difícil. La electricidad, el agua y el combustible son lujos cada vez más escasos que hoy es una suerte tener, y resulta casi impensable esperar contar con los tres al mismo tiempo.

Después del segundo apagón nacional del viernes, mi barrio en La Habana pasó 36 horas sin electricidad. Finalmente, a las 4:00 a.m. hora local del domingo, me despertaron las luces de la casa de al lado, iluminada como en Nochebuena. Pude ver a mis vecinos, bajo esa iluminación repentina, corriendo en plena madrugada para lavar ropa, cocinar y cargar todo lo que podían durante las pocas y valiosas horas de electricidad.

A la mañana siguiente, nuevamente durante un apagón, conversé con mi vecino Jorge, quien me ayuda a mí y a varias personas de la cuadra a convertir pequeños espacios de césped frente a nuestras casas en huertos, para cumplir con un mandato poco realista del Gobierno que pide a la población cultivar sus propios alimentos.

Estaba emocionado por nuestro breve regreso al siglo XX.

“Tuvimos cuatro horas de electricidad ininterrumpida”, dijo. “¿Cuándo fue la última vez que pasó eso?”

La incertidumbre está jugando con la mente de todos. Nadie sabe cuándo se irá la electricidad ni por cuánto tiempo. A veces vuelve después de un apagón de todo el día, pero en cuestión de minutos se corta otra vez y todo el barrio deja escapar un gemido colectivo y audible. Todas las personas que conozco parecen agotadas.

El Gobierno mantiene aquí un canal de WhatsApp para informar a los residentes exactamente cuánto tiempo llevan sin electricidad. Ya no es extraño ver apagones que superan las 30 horas. Si llega la electricidad aunque sea durante unos minutos, el conteo vuelve a cero. Al darse cuenta de que están siendo engañados, los cubanos responden al Gobierno en el chat con emojis de excremento o con la bandera de Estados Unidos.

Algunos han recurrido a golpear ollas y sartenes por la noche, pero todavía no hay protestas organizadas en un país donde el Gobierno considera la disidencia como una traición apenas disimulada.

Cada vez más cubanos se dan cuenta de que están viviendo un momento decisivo en la historia llena de altibajos de la isla, y que podrían venir más sacudidas.

Cada mañana en la televisión estatal cubana, un presentador que claramente tiene uno de los peores trabajos de la isla debe pronosticar el déficit eléctrico diario, de la misma forma en que los noticieros de otros países informan sobre el clima o el tráfico. Con la llegada de los meses más calurosos del verano y una mayor demanda de energía para enfrentar esas temperaturas sofocantes, el déficit empeora.

“Las soluciones para la crisis energética de Cuba ya no pueden venir desde dentro de Cuba; tienen que venir desde afuera”, dijo a CNN Jorge Piñón, investigador principal de energía de la Universidad de Texas en Austin.

Más allá del bloqueo que el Gobierno de Trump ha impuesto sobre los envíos de petróleo, el sector energético de Cuba está paralizado por la falta de inversión estatal durante décadas en sus anticuadas plantas eléctricas, un problema para el que no existe una solución sencilla, según Piñón.

“Cuba produce suficiente petróleo por sí misma”, dijo Piñón. “Pero en cualquier momento, la mitad de las plantas termoeléctricas están fuera de servicio por mantenimiento”.

No hay señales de que la ayuda esté en camino. La captura del presidente derrocado de Venezuela, Nicolás Maduro, por parte de Estados Unidos le costó a Cuba un aliado clave con las mayores reservas de petróleo del mundo. Rusia está cada vez más involucrada en su guerra con Ucrania y no puede enviar más ayuda a una isla que ya debe miles de millones de dólares a su antiguo aliado de la Guerra Fría. México, hasta ahora, está atendiendo las amenazas del Gobierno de Trump de no enviar cargamentos de petróleo por temor a sanciones económicas de Estados Unidos.

El Gobierno de Trump dice que la campaña de presión está diseñada para afectar a funcionarios de alto rango, no a los cubanos comunes.

Pero hay pocos indicios de que quienes están en la cima estén siendo obligados a reducir sus gastos.

En una entrevista en julio con USA Today, Raúl Guillermo Rodríguez Castro, nieto y jefe de seguridad del expresidente cubano Raúl Castro, presumió una cadena de oro, marcas de lujo y acceso a una vida de la élite que resulta inimaginable para la mayoría de los cubanos.

Castro, a quien Cuba ha identificado como interlocutor de la isla en las conversaciones en curso con el Gobierno de Trump pese a no ocupar un cargo de alto rango en el Gobierno, lamentó que la mayoría de los cubanos no compartan los privilegios que vienen con su linaje.

Los cubanos que conozco quedaron escandalizados por sus comentarios, considerados descarados en un momento en que su ya precario nivel de vida se desploma.

“Es como si no supieran cómo vivimos, cómo nuestros salarios cada día están más cerca de no valer nada”, me dijo recientemente durante un almuerzo un amigo cubano llamado Homero.

Consciente de lo poco que ganaba Homero en su trabajo estatal, lo invité al restaurante más sencillo que pude imaginar.

Pero mientras mirábamos los menús, Homero soltó un fuerte suspiro y me di cuenta de que no había logrado hacerlo sentir cómodo. Cada plato del menú, me dijo, costaba más de lo que ahora ganaba en un mes.

The-CNN-Wire
™ & © 2026 Cable News Network, Inc., a Warner Bros. Discovery Company. All rights reserved.

Article Topic Follows: CNN - Spanish

Jump to comments ↓

CNN Newssource

BE PART OF THE CONVERSATION

KRDO NewsChannel 13 is committed to providing a forum for civil and constructive conversation.

Please keep your comments respectful and relevant. You can review our Community Guidelines by clicking here

If you would like to share a story idea, please submit it here.