¿Los escombros también sepultaron la economía? El dólar se acelera, los precios suben y los venezolanos se inquietan
Por Gonzalo Zegarra, CNN en Español
Uno de los negocios de arepas más famosos de La Guaira permanece cerrado. Había pasado solo tres meses desde la inauguración de su segundo local cuando los terremotos en Venezuela dejaron la sucursal en escombros y cuatro empleados perdieron la vida. El otro establecimiento que quedó en pie aún no tiene fecha de reapertura.
Pero el trasfondo económico también lo amenaza. En medio de la crisis humanitaria, la devaluación del bolívar no se detiene y la inflación, que venía en descenso, dio un salto en junio, según las cifras divulgadas este domingo por el Banco Central de Venezuela (BCV).
Mantener los precios de las arepas para atender a consumidores deprimidos es un desafío frente al aumento de precios de los insumos y las expectativas negativas de economistas para los próximos meses.
El doble sismo del 24 de junio solo tuvo un impacto marginal en la inflación de junio, que según el BCV fue de 13,8 %, más del doble que la del mes anterior. El 6,3 % de mayo, la cifra más baja desde octubre de 2024, fue celebrada por las autoridades, que esperaban que a partir de ese momento se mantuviera en un dígito. También el encargado de negocios de la Embajada de EE.UU. en Caracas, John Barrett, dijo en ese momento que el descenso era una muestra de los “resultados concretos” de los planes de recuperación económica de Washington.
El indicador acumuló una subida del 129,8 % en lo que va del año, mientras que la variación interanual llegó al 544 %.
“La inflación tiene que ver con el tipo de cambio, que viene aumentando con mucha fuerza”, dijo a CNN el economista venezolano Andrés Giuseppe, quien subraya que además del tipo de cambio oficial del BCV, las otras referencias de la economía son el que ofrece la banca comercial y el tipo de cambio paralelo, que muchos pequeños empresarios usan por no poder acceder al sistema de subastas de divisas. “Al comerciante le exigen que venda al precio del Banco Central, pero le obligan a reponer inventario con el más costoso”, explicó.
El bolívar comenzó el año vendiéndose a 300 unidades por dólar, según el tipo de cambio oficial. Tuvo un salto tras la captura del presidente Nicolás Maduro y luego se estabilizó con tendencia a la devaluación. Pero en las últimas semanas tras los terremotos el ritmo se aceleró con fuerza: pasó de los 620 a fines de junio hasta los 720 bolívares por dólar de este lunes.
Con los costos prácticamente indexados, cada aumento de la cotización se traslada de manera casi automática a los precios.
El economista José Guerra, exdiputado opositor, dijo antes de conocer la inflación de junio que el BCV había adoptado una política de “devaluación agresiva”, con el objetivo de acortar la brecha entre la tasa oficial y la paralela. “Es una carrera por dos carriles (…) con resultados en términos de inflación muy alta. Esto no lleva a la economía a ninguna parte, es un callejón sin salida: inflación y devaluación; devaluación e inflación”, comentó en un video en redes sociales. Además, dijo que ese círculo vicioso “está pulverizando ahorros y desvalorizando las riquezas”.
Los devastadores terremotos, con daños estimados en varios miles de millones de dólares, no afectaron los principales centros agrícolas, industriales y comerciales, ni tampoco causaron daños de gravedad en los campos petroleros, por lo que varias proyecciones sobre la actividad económica todavía mantienen números positivos para 2026. Sin embargo, la tragedia altera planes y los proyectos de reconstrucción puede acentuar el desequilibrio fiscal del país, lo que también incide en las turbulencias cambiarias.
El Gobierno de la presidenta encargada Delcy Rodríguez impulsa una campaña internacional para que el país pueda acceder a fondos y reservas, mientras avanza en conversaciones para obtener créditos y así emprender la reconstrucción de La Guaria, una tarea que hoy se ve muy lejana.
Rodríguez dijo que envió una carta al rey Carlos III para pedir la liberación del oro venezolano en el Banco de Inglaterra y también conversó con la directora del Fondo Monetario Internacional, Kristalina Georgieva, con el pedido de liberar recursos de Venezuela en ese organismo. Se trata también de una oportunidad para que Caracas renegocie su deuda con los acreedores y mejore sus relaciones con organismos multilaterales, para lo cual necesitará un respaldo claro del Gobierno de Estados Unidos para llegar a acuerdos y conseguir el financiamiento.
En tanto, el número de muertos por los terremotos continúa aumentando en cada parte diario y las lecturas económicas también son sombrías.
“El rebote (de la inflación) se debe a que hay expectativas negativas”, dijo el economista Giuseppe. “Hay mucha especulación cambiaria”, agregó, pero también destacó un componente político. “Estamos ante el fin del mandato transitorio (de Rodríguez, fijado por 180 días), eso genera inseguridad jurídica”, comentó, con la advertencia de que ello podría ser un obstáculo para las inversiones.
El proceso de reconstrucción es titánico: solo en daños físicos directos, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo estimó preliminarmente unos US$ 6.700 millones. La consultora venezolana Ecoanalítica dijo que se acercan a los US$ 8.000 millones, un 7 % del PIB, y apuntó que la reconstrucción requerirá al menos el doble.
Para Giuseppe, ello puede generar una dinámica de producción y actividad que empuje la economía y consideró que el aumento del gasto en este caso sí tendría respaldo por la demanda. Sin embargo, mientras la macroeconomía intenta resurgir, el día a día de la microeconomía continúa en penurias. La tragedia desnudó también la masiva informalidad laboral de millones de venezolanos sin una red de contención.
“Hay muchas quejas, hay un problema de poder adquisitivo, de consumo”, dijo Giuseppe. “El Gobierno ha permitido que el consumidor sea pobre, todo eso afecta emocionalmente. Hay presiones sociales y sigue la lucha por el aumento de salario”, observó.
Como la casa de arepas que se vino a tierra en una de las principales avenidas de Catia La Mar, muchos emprendedores que perdieron sus negocios esperan que la situación económica se estabilice para intentar, como están acostumbrados, salir adelante frente a todas las adversidades.
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