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Un nuevo “súper El Niño” se está gestando. Científicos estudian una controvertida solución para reducir sus efectos

Por Laura Paddison, CNN

Un nuevo súper El Niño se está gestando y podría convertirse en el más intenso en décadas, con el potencial de provocar un fuerte aumento de fenómenos meteorológicos extremos y mortales. Pero ¿qué ocurriría si existiera una forma de reducir temporalmente sus efectos atenuando la cantidad de luz solar que llega a la Tierra?

Esa es la pregunta que un grupo de científicos analizó en un estudio publicado este miércoles en la revista Science Advances.

El Niño es un patrón climático natural que se origina en el océano Pacífico tropical y que, por lo general, eleva las temperaturas globales y favorece la ocurrencia de fenómenos meteorológicos extremos. Sus efectos se ven agravados por el cambio climático causado por la actividad humana, que aumenta la temperatura de fondo del planeta y hace que los años de El Niño sean cada vez más extremos, con consecuencias devastadoras para la vida humana y la economía mundial.

El estudio, encabezado por científicos del Instituto Scripps de Oceanografía, analizó si una técnica altamente controvertida conocida como geoingeniería solar podría utilizarse para reducir el calor extremo, los incendios forestales y otros impactos asociados con El Niño.

En concreto, los investigadores estudiaron el denominado “brillo de las nubes marinas”, una técnica que consiste en dispersar partículas en las nubes sobre el océano para reflejar parte de la luz solar de regreso al espacio.

Los científicos no pudieron realizar experimentos de geoingeniería en el mundo real por temor a provocar “consecuencias no deseadas desastrosas”. En su lugar recurrieron a lo que describieron como un “experimento natural”, según un comunicado difundido junto con el estudio.

Los incendios forestales del llamado “Verano Negro” de Australia, entre 2019 y 2020, arrasaron decenas de millones de hectáreas y contribuyeron a la muerte de cientos de personas. También generaron enormes columnas de humo cargadas de partículas capaces de reflejar la luz solar, las cuales se mezclaron con las nubes sobre el océano Pacífico.

Investigaciones anteriores concluyeron que esas nubes, con una capacidad excepcional para reflejar la radiación solar, devolvieron una mayor cantidad de energía al espacio y enfriaron el Pacífico, lo que contribuyó al desarrollo posterior de un episodio de La Niña, el fenómeno opuesto a El Niño, que suele reducir las temperaturas globales.

Los investigadores aislaron el efecto del brillo de las nubes provocado por los incendios australianos y utilizaron modelos climáticos para simular un evento similar antes de dos episodios históricamente intensos de El Niño: uno iniciado en 1997 y otro en 2015.

Según sus resultados, aplicar de forma dirigida el brillo de las nubes marinas podría reducir la intensidad de El Niño y aumentar en un 40 % los efectos de enfriamiento y sequedad asociados con La Niña. El estudio concluye que cuanto antes se aplique la técnica durante el desarrollo de El Niño, mayor sería su eficacia.

La geoingeniería es uno de los temas más debatidos dentro de la ciencia climática. Algunos expertos consideran que es demasiado peligrosa incluso para ser evaluada debido a la enorme cantidad de posibles consecuencias imprevistas. También advierten que, una vez iniciada, podría ser necesario mantenerla indefinidamente para evitar un posible “choque por terminación”, es decir, un aumento catastrófico de las temperaturas si la intervención se detuviera repentinamente.

Sin embargo, lo que plantea este estudio es diferente, explicó Kate Ricke, coautora de la investigación y científica climática del Instituto Scripps de Oceanografía y de la Escuela de Política y Estrategia Global de la Universidad de California en San Diego. La propuesta consiste en utilizar la geoingeniería de forma temporal para mitigar un evento estacional o de varios años cuya capacidad de causar daños significativos está prácticamente garantizada. “No es algo que obligue a mantenerlo de manera permanente”, afirmó.

Ricke subrayó que el estudio no promueve la aplicación de la geoingeniería. “Esto es simplemente una prueba de concepto. Lo único que hemos demostrado es que vale la pena seguir investigándolo”, afirmó.

Los investigadores reconocen varios posibles inconvenientes. El Niño es un fenómeno muy complejo. Aunque genera pérdidas económicas de billones de dólares en todo el mundo, no todas las regiones resultan perjudicadas. Algunas incluso se benefician o se han adaptado a sus efectos. Por ejemplo, California depende de las abundantes lluvias que suele traer El Niño para recargar sus embalses, aun cuando esas precipitaciones también pueden causar situaciones peligrosas.

Ricke añadió que también será necesario comprender cómo esta técnica podría afectar el momento en que ocurre La Niña, su frecuencia, su intensidad y sus efectos sobre regiones específicas.

“Hay que analizar cuidadosamente las compensaciones”, señaló. Agregó que, por ahora, la geoingeniería podría considerarse únicamente para episodios de súper El Niño, “cuando la mayoría de las personas y de los lugares resultan perjudicados y aumenta la posibilidad de eventos extremos con grandes daños”.

James Haywood, profesor de ciencias atmosféricas de la Universidad de Exeter y quien no participó en la investigación, dijo que aún existen “muchísimas preguntas sin respuesta e incertidumbres” sobre la viabilidad del brillo de las nubes marinas para controlar su efecto de enfriamiento.

Entre los desafíos figura la capacidad técnica para producir partículas del tamaño y en la cantidad adecuados para generar el nivel de enfriamiento deseado. “Y luego está la pregunta de qué ocurriría si nos excedemos”, señaló, al referirse a la posibilidad de provocar un episodio de La Niña mucho más intenso que cualquiera registrado hasta ahora. La Niña también puede generar fenómenos meteorológicos extremos, como lluvias intensas e inundaciones en partes de Asia y Australia, además de condiciones más secas de lo habitual en sectores de América del Sur y de Estados Unidos.

“Estamos muy lejos de poder aplicar este tipo de tecnologías y de saber si realmente funcionarían como se espera”, afirmó.

David Keith, profesor de ciencias geofísicas de la Universidad de Chicago, quien tampoco participó en el estudio, también destacó los desafíos tecnológicos. “Casi dos décadas después del inicio de las investigaciones, los sistemas para dispersar partículas destinados al brillo de las nubes marinas tienen una capacidad de pulverización al menos cien veces menor de la necesaria para un uso práctico”, explicó. Añadió que la técnica podría ser físicamente posible, pero que, por ahora, “la tecnología simplemente no existe”.

Más allá de los desafíos técnicos, también existen dilemas éticos, indicó Haywood, como quién tendría la autoridad para decidir si el mundo debe recurrir a esta técnica y si la geoingeniería podría desviar la atención de los esfuerzos para reducir la contaminación responsable del calentamiento global.

Aunque esas cuestiones quedan fuera del alcance de esta investigación, Ricke reconoció que aún queda mucho por estudiar. “Necesitamos comprender mucho más”, comentó. “Pero si existe una forma de utilizar esta técnica para mitigar los efectos de El Niño, ¿por qué no considerarla?”.

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