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Por qué estos adultos están obsesionados con un juguete para niños de finales de los años 90

Por Chris Lau y Yoyo Chow, CNN

El zumbido de las agujas y los jadeos de dolor se desvanecen, reemplazados por el repiqueteo y traqueteo del acero y el plástico al chocar.

Normalmente, los visitantes de este pequeño estudio de tatuajes, escondido en las callejuelas del bullicioso distrito nocturno de Hong Kong, buscan tatuarse tigres y dragones, que representan los días felices de la metrópolis iluminada por neón. Pero ha atraído a un público muy diferente.

Con las mesas de tatuaje apartadas hacia un lado, la sala se convierte en un coliseo para adultos que van a la guerra con Beyblade, un juguete infantil que se hizo popular hace un cuarto de siglo.

Las peonzas personalizables, lanzadas desde una tira de plástico, han vuelto a ponerse de moda de forma vertiginosa en Asia: desde Japón hasta Tailandia y de Taiwán a Hong Kong.

“Estoy lista para dar pelea”, dijo Tiff Tam, de 28 años, mientras mostraba el arsenal de “Beys” (como los llaman los fans) en los que ha gastado casi US$ 400.

Tam trabaja en The 59 Tattoo en Wan Chai, que ha comenzado a cerrar temprano en algunas noches seleccionadas para organizar torneos comunitarios, dando la bienvenida a tatuadores de otros estudios y a personas del vecindario.

“Al principio, simplemente no le veía el atractivo”, dijo. “Pero en cuanto empecé a jugar, pude sentir esa tensión, emoción y competitividad”.

Inspirada en la tradicional peonza japonesa beigoma (de ahí BEY-blade), la línea de juguetes se hizo popular por primera vez cuando fue lanzada por el fabricante Takara a finales de los años 90 y principios de los 2000.

Los jugadores ensamblan coloridos “Beys”, nombrados según armas y personajes como “Saber Samurai” y “Arrow Wizard”, y los lanzan sobre un panel de plástico del tamaño de una pizza, llamado “estadio”. Las reglas son simples: permanecer en el círculo y seguir girando para ganar.

Batallas informales de Beyblade están surgiendo en los lugares más insólitos, con jugadores agrupados en parques, gimnasios y centros comerciales. Cuando no hay un estadio disponible, los fanáticos innovan. Algunos incluso hacen girar sus Beys en woks chinos, como muestran videos en redes sociales.

El aumento en la demanda de Beyblade ha hecho que los aficionados hagan fila fuera de las tiendas de juguetes en Taiwán y Hong Kong, y algunos viajan hasta Japón para conseguir los modelos más raros, que están siendo revendidos por hasta US$ 80 por revendedores en línea, 10 veces más que el precio original.

“¡3, 2, 1, adelante, dispara!”, ordenó el árbitro, mientras los retadores lanzaban sus Beys en la tienda de tatuajes.

Los juguetes chocaron, los jugadores contuvieron la respiración y los espectadores susurraban estrategias al margen, hasta que se coronó a un ganador.

Para Marcus Yuen, fundador de The 59 Tattoo, organizar los torneos es una forma de revivir su infancia. “Los niños de mi escuela primaria solían reunirse en el parque y jugar”, recordó. “Pero cuando creces, la gente deja sus juguetes a un lado”.

El hombre de 36 años, ahora padre, dijo que un colega más joven lo reintrodujo al juego a principios de este año y volvió a enamorarse de él. Cuantos más, mejor, pensó, así que finalmente abrió su estudio de tatuajes para recibir a aficionados afines de la comunidad.

“Hoy en día es difícil encontrar un evento donde amigos y desconocidos puedan reunirse y jugar. Es un tipo de felicidad muy pura”, dijo.

El concursante Tria John Bernard Benito dijo que comenzó a notar el resurgimiento de Beyblade a través de las redes sociales. Un amigo que vive en el extranjero, en Japón, también le habló al respecto.

“No pude jugar cuando era niño porque eran demasiado caros”, dijo el joven de 30 años. “Ahora puedo usar mi propio dinero para comprarlos y divertirme”.

A 40 minutos en tren, decenas de jugadores se reunieron en un parque suburbano en Tseung Kwan O, uno de los lugares de encuentro más populares entre los fanáticos de la ciudad.

Estaciones de batalla improvisadas estaban dispersas en una esquina del parque, con fana haciendo fila en cada una, esperando desafiar al anfitrión. Había niños enfrentándose a adultos de la misma edad que sus padres. Quien gane puede quedarse, muy parecido a un partido improvisado de baloncesto callejero.

Estas batallas cinéticas están generando el tipo de interacción humana en la vida real que no es tan común en una sociedad moderna que gira en torno a los teléfonos inteligentes.

Un coorganizador que se identificó como Hui dijo que había vuelto a conectar con viejos amigos de la escuela atraídos al parque por la fiebre. “Ahora jugamos juntos aunque ni siquiera éramos cercanos en ese entonces. Es muy extraño”, comentó.

El repentino resurgimiento del interés en el juego es “bastante sin precedentes”, según el CEO de Toys “R” Us, Leo Tsoi. Ha sido impulsado por publicaciones virales en redes sociales y por el hecho de que permite a jugadores de todas las edades reconectarse.

“Aún puedes ganar siendo un niño de 9 años contra un adulto de 39, así que eso crea mucho drama”, dijo Tsoi.

La demanda se ha disparado en Hong Kong, Malasia, Singapur, China continental, Taiwán y Tailandia; solo en Hong Kong, las ventas se multiplicaron por 14 en comparación con el año anterior, según la cadena de juguetes.

Esa explosión en la demanda es parte de un creciente fenómeno “kidult” —adultos que comparten los intereses y pasatiempos de los niños— que ha impulsado las ventas de otros juguetes nostálgicos, como los sets de Lego, el juego digital retro de mascotas Tamagotchi y las cartas coleccionables de Pokémon.

La industria del juguete se ha estado orientando cada vez más hacia el mercado “kidult” en los últimos años. En Estados Unidos, los consumidores de 18 años en adelante superaron a los niños en edad preescolar para convertirse en los mayores compradores de juguetes a principios de 2024, según la firma de investigación de consumidores Circana.

La estrategia es particularmente necesaria en Asia, donde muchas economías –desde Japón y Corea del Sur hasta Singapur y Hong Kong– están registrando algunas de las tasas de natalidad más bajas del mundo, lo que significa que las probabilidades están en contra de los fabricantes de juguetes que ya enfrentan una creciente competencia de los juegos móviles.

“Es un hecho… la intención de esta generación y su estrategia de planificación familiar (son) diferentes de la anterior”, dijo Tsoi.

Y apuntar al mercado de los “kidults” tiene sentido económico por otra razón: tienen dinero.

“Ya no tienes que rogarle a tu mamá como cuando eras niño”, dijo Yuen, el dueño del estudio de tatuajes. “Puedes comprar lo que quieras”.

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