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“Bolivia no duerme”: entre la confianza y el nerviosismo, un país entero espera el repechaje al Mundial 2026

Por Federico Leiva, CNN en Español

“Bolivia no duerme mañana”, dice Fabián desde La Paz. La pregunta es si alguien pudo dormir el lunes. Si alguno de los más de 12,4 millones de habitantes que tiene esta nación de Sudamérica podrá cerrar los ojos y evitar que el fútbol le quite el sueño. Porque de sueños vive el hombre, y el que Bolivia quiere concretar este martes lleva ni más ni menos que 32 años de espera.

Más de uno seguramente apoye la cabeza en la almohada y piense en cabecear el balón a la red. Otros, atrapados por el nerviosismo e inmovilizados por la ansiedad, muevan inquietos los pies bajo las sábanas, casi que imitando alguno de los interminables regates de “Miguelito” Terceros. Incluso alguno puede que se estire de lado a lado de la cama, casi que buscando tapar la portería de Guillermo Viscarra. Difícil de saber, pero no de imaginar.

Y es que en Bolivia reina por estas horas el nerviosismo. Así lo cuenta Luis desde Cochabamba, una de las capitales futbolísticas que tiene Bolivia. “No se conoce mucho a Iraq, y el único resultado que se tuvo contra ellos fue 0-0. Eso pone un poco nerviosa a la gente”, dice, aunque en seguida aclara que “hay entusiasmo y mucha confianza por cómo pudo sobreponerse Bolivia a la derrota parcial contra Suriname”.

El nerviosismo y el entusiasmo dominan las calles del país, y lo harán aún más mañana, cuando todos estén pendientes de que las agujas del reloj pasen una y otra vez hasta las 11 de la noche, hora local en la que Bolivia saldrá al campo del estadio del Monterrey, en México, para buscar ante el seleccionado iraquí un boleto al Mundial de 2026.

Han pasado exactamente 11.600 días desde la última participación de la Verde en la Copa del Mundo. Casi 32 años exactos de frustraciones, sinsabores y goleadas en contra. Ha sido tan prolongada su ausencia en el gran escenario que Bolivia no conoció el Mundial de 32 selecciones. Jugó el último con 24 participantes y está a un paso de competir en el primero de 48. En el medio, siete ediciones mirando de costado, buscando una hermana sudamericana a la que pudiera y quisiera apoyar.

En palabras de Fabián: “acá hay seguidores de Messi, hay seguidores de Paraguay, de Colombia”. Sin embargo, esta generación que comanda Óscar Villegas está cambiando eso: “Ahora ya estamos hablando de los nuestros propios, de ‘Miguelito’, de Moisés Paniagua, de Gabrieli Villamil, de la ‘Muralla’ Morales, de nuestro arquero Viscarra”.

“Quiero que las nuevas generaciones, esos jóvenes que ahora disfrutan del fútbol y que tienen como ídolos a jugadores de otros países, que empiecen a tener de ídolos a estos chicos que nos han devuelto la alegría y la esperanza”, dice desde La Paz. “Tenía 15 años, cuando vi a Bolivia enfrentar a Alemania, España y Corea en el Mundial de 1994, y ha sido el momento más lindo de toda mi vida”.

Según Fabián, no hay nadie en Bolivia que no esté pensando en el partido contra Iraq.
Tanto que el Gobierno nacional autorizó a todos los cableoperadores a transmitir el partido. “Se van a armar pantallas gigantes en la ciudad, en todo el país. Previas desde la tarde, con concursos, bailes… desde 1994 que no vivimos esto. Con una selección tan joven que nos ilusiona, la motivación es muy grande. Bolivia no duerme mañana”.

“También mañana en la tarde ya se va a empezar a flexibilizar el trabajo para que las personas empiecen a ir a los lugares de reunión. Será como una noche de fin de año esperando nuestro regalo a la una de la mañana”.

En Cochabamba, la selección domina la temática de discusión entre los jóvenes, según Luis. “Vas a la calle y ves a la gente con las poleras de Bolivia (camisetas de la selección), hablando todo el tiempo de Bolivia, en los periódicos saliendo noticias sobre la selección”. Eso se multiplica exponencialmente en una ciudad como La Paz: “La gente va a su trabajo con poleras de la selección. Las llevan todos, los amigos, los que están en los mercados vendiendo, los transportistas… hay banderitas bolivianas en el servicio público y en los balcones de las casas”, dice Fabián.

“Subes a un carro de transporte público y están hablando de eso. Cuánto ganamos, cómo nos va. En la calle se habla. Los lugares de expendio de comidas están anunciando el partido, con combos especiales para ver el partido en vivo. La expectativa es total”.

A pesar del nerviosismo, la labor de la Verde en la semifinal ante Suriname llenó de confianza al pueblo boliviano. Así lo hacen saber los dos entrevistados. “Yo diría que termina en empate y que Bolivia lo pasa en los penales”, dice Luis, confiado en su selección, pero aún más en su propia capacidad para sobrevivir el viacrucis que representa una definición desde los doce pasos para los aficionados a este deporte.

“2 a 1”, discrepa Fabián. “Apretado, difícil, pero sin extensión, sin penales, sin nada.
Lo terminamos en los 90 minutos. Creo que somos muy parejos en la forma de juego, pero tenemos el equipo como para pelear. Tenemos una motivación muy grande”.

Y si hay confianza, hay promesas, casi que una ley no escrita en el fútbol. “Yo prometí raparme si Bolivia vuelve al Mundial”, afirma con fe el amante del suspenso. “Voy a hacer un tramo de camino al santuario de la Virgen del Socavón (patrona de los mineros y del folklore nacional) caminando”, dice el que no quiere sufrir más que el tiempo reglamentario. “Y quiero entrar de rodillas las últimas cinco cuadras. Es bien complicado. Pienso que me voy a lastimar mucho las rodillas, pero no me interesa”.

El pronóstico y las promesas pueden ser distintos, pero hay una sensación que comparten en Cochabamba y La Paz: el fútbol, como siempre, tapa los problemas del día a día. Por supuesto, no los soluciona, pero sí le permite un respiro a una nación que en los últimos años ha pasado por diferentes etapas de crisis. Una política, con aquella salida de Evo Morales del poder tras unas elecciones calificadas por opositores como fraudulentas, lo que llevó a un Gobierno interino con Jeanine Áñez, posteriormente presa; otra social, con la violencia en las calles que dejó decenas de muertos durante diversas protestas; y otra económica, con la escasez de dólares que golpeó varios aspectos de la economía.

“Sí, la emoción de ver a la selección tan cerca de llegar al Mundial después de 32 años hace olvidar un poco los problemas que hay en varias zonas del país hoy en día”, reconoce Luis.

Fabián incluso le atribuye a la selección parte de la solución del conflicto que se vio en La Paz el jueves, mismo día del partido con Suriname, cuando varios puntos de la ciudad fueron bloqueados por movilizaciones de trabajadores que reclamaban por la calidad de la gasolina. “Lo primero que les dijo el presidente (Rodrigo Paz) era que arreglaran eso para que los hermanos que habían estado bloqueando y los hermanos que habíamos sido bloqueados pudiéramos ver el fútbol en la noche con Suriname. Y que tratemos de unirnos en torno a la selección. Y así fue”.

Así de unido estará Bolivia este martes. Con nerviosismo, claro, pero con confianza. Como dice Fabián, “lo que no se pueda definir con fútbol, lo vamos a definir con garra y con corazón”. Con el de los once en el campo, el de miles en las tribunas y el de millones por televisión.

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