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Rubio testifica en juicio contra excongresista de Florida David Rivera, quien según los fiscales hacía lobby para Venezuela

Por Rafael Romo y Devon M. Sayers, CNN

Estados Unidos está en guerra con Irán. Las hostilidades entre Rusia y Ucrania están en su cuarto año. Y el Gobierno de Trump está tratando de gestionar Venezuela después de capturar a su antiguo líder en enero. Pero la presencia del secretario de Estado Marco Rubio fue requerida en Miami el martes como testigo estrella en el juicio de David Rivera, un amigo cercano, aliado político y excongresista.

Los fiscales alegan que entre 2017 y 2018, Rivera y Esther Nuhfer —exsocia comercial de Rivera— hicieron lobby ante funcionarios estadounidenses, incluido Rubio, con el objetivo de que se restablecieran las relaciones diplomáticas entre Estados Unidos y Venezuela en nombre del gobierno del derrocado presidente Nicolás Maduro.

En aquel entonces, las relaciones entre ambos países eran antagónicas, dado que el presidente Donald Trump —quien cumplía su primer mandato— había impuesto una serie de sanciones contra el régimen socialista de Maduro.

Según la acusación formal, tanto Rivera (de 60 años) como Nuhfer (de 51) actuaron como agentes extranjeros sin registrarse ante el Departamento de Justicia, lo cual constituye una violación de la Ley de Registro de Agentes Extranjeros (FARA, por sus siglas en inglés), y lavaron fondos con el fin de ocultar y promover su conducta delictiva.

Rubio no está nombrado en la acusación formal y no ha sido acusado de irregularidades.

El martes, Rubio testificó que conoció a Rivera a principios de la década de 1990 y describió su relación como “amigos cercanos”. También reconoció que compraron una casa juntos en 2005 para que “tuviéramos un lugar para vivir juntos cuando estuviéramos en Tallahassee”. Tanto Rubio como Rivera sirvieron juntos en la legislatura de Florida en la década de 2000.

Los registros del condado de Leon muestran que Rivera y Rubio compraron una casa en Tallahassee en 2005 por US$ 135.000. Vendieron la propiedad 10 años después por US$ 117.000.

Pero más tarde Rubio dijo que no sabía a qué se dedicaba Rivera después de su mandato en el Congreso de 2011-13, que estuviera involucrado en el cabildeo, ni tenía conocimiento alguno de que hubiera creado una empresa con ese propósito. Rubio testificó que estaba “generalmente al tanto de que estaba haciendo algo”, pero “no estaba al tanto en 2017 de que fuera un cabildero”.

Ese es un año crucial en el caso contra Rivera y Nuhfer porque el Departamento de Justicia afirma que Rivera solicitó una reunión “urgente” con Rubio en julio de 2017 para discutir un plan mediante el cual Maduro renunciaría al poder y permitiría una transición pacífica a la democracia a cambio de aliviar las sanciones estadounidenses contra su país.

El plan fue compartido por Rivera cuando él y Rubio se reunieron en la casa en Washington del entonces senador, donde el cabildero le dijo a Rubio que parte del plan consistía en que Rubio entregara una carta de Maduro a Trump para anunciar que renunciaría al poder.

Posteriormente, Rivera organizó una reunión con Rubio en un hotel de Washington a la que también asistieron Raúl Gorrín, entonces propietario de la cadena de televisión venezolana Globovisión, Nhufer, y el líder de la oposición venezolana Henry Ramos Allup, quien se unió por videoconferencia desde Nueva York.

Durante el testimonio, Rubio describió la reunión como “una pérdida de mi tiempo”, diciendo que tanto Gorrín como Ramos Allup solo hablaron sobre las terribles condiciones económicas en Venezuela, algo de lo que él estaba muy al tanto, dado que en ese momento se desempeñaba como presidente de la Subcomisión de Relaciones Exteriores del Senado para el Hemisferio Occidental. Rubio testificó que Rivera lo alentó a dar un discurso en el pleno del Senado y otro en español en la cadena de televisión de Gorrín.

El martes, Rubio dijo que informó a la Casa Blanca sobre el plan que implicaba la salida de Maduro del poder y discutió el asunto con Trump, quien entonces estaba cumpliendo su primer mandato.

Rubio también recordó que en 2017 fue informado por agencias de inteligencia de Estados Unidos de que era el objetivo previsto de un complot de asesinato supuestamente orquestado por Diosdado Cabello, el actual ministro del Interior, Justicia y Paz de Venezuela.

La defensa tanto de Rivera como de Nuhfer se centró en presentar a ambos de sus clientes como anticomunistas que con frecuencia hablaban en contra de los regímenes venezolano y cubano. Durante el testimonio, Rubio describió a Rivera como “una voz anticomunista vociferante… una fuerte voz anti-Maduro”. Cuestionado sobre si describiría a Nhufer como una persona codiciosa, Rubio respondió: “No lo llamaría así”.

El juicio también tuvo momentos inusuales e incluso graciosos, incluyendo que la jueza Melissa Damian comentara dos veces que Rubio se veía “genial” en una foto admitida como prueba. Los fiscales preguntaron si estaba empleado. “Tengo dos trabajos, secretario de Estado y asesor de seguridad nacional del presidente”, dijo Rubio.

Hacia el final del testimonio de casi cuatro horas, Rubio autografió una copia de su libro de 2012 “An American Son” para el abogado defensor Edward Shohat, quien hizo que Rubio leyera los agradecimientos que incluían a ambos acusados.

Los fiscales federales alegan que los coacusados y otras dos personas con las que estaban tratando para impulsar sus esfuerzos de cabildeo “con frecuencia intentaron ocultar el tema de sus conversaciones usando palabras clave para referirse a ciertos individuos y otros elementos”. En correos electrónicos y mensajes de texto codificados, alega la acusación, se refirieron a Maduro como “El Guaguero” (el conductor del autobús), a un congresista estadounidense como “el sombrero”, al dinero como “La Luz” y a millones de dólares como “melones”.

La pena máxima por el cargo de conspiración es de cinco años; la pena máxima por no registrarse como agente extranjero es de cinco años; y la pena máxima por el cargo de lavado de dinero es de 20 años. La pena máxima por los cinco cargos de realizar transacciones utilizando las ganancias de actividad delictiva es de 10 años cada uno.

Además de Rubio, otras figuras políticas de alto perfil y exfuncionarios gubernamentales también están en la lista de testigos, entre ellos el representante de Texas Pete Sessions, la exasesora de la Casa Blanca durante el Gobierno de Trump Kellyanne Conway y el exsubsecretario de Estado de Estados Unidos para Asuntos del Hemisferio Occidental Otto Reich.

Se espera que el juicio dure hasta cuatro semanas.

Con información de Jennifer Hansler.

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Esta historia ha sido actualizada tras el testimonio de Rubio.

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