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“Manzana envenenada”: por qué la “maldición” de la presidencia de Perú derribó a Jerí y amenaza a próximos presidentes

Análisis por Mauricio Torres, CNN en Español

Perú terminó este martes sin presidente de la República. Por la tarde, en una sesión convocada específicamente para discutir este tema, el Congreso aprobó una moción de censura contra José Jerí, con lo cual lo destituyó del cargo y abrió un proceso para elegir este miércoles a quien deberá encabezar el Gobierno hasta que asuma el Ejecutivo la persona que resulte electa en las elecciones de este año.

Jerí se convirtió así en el octavo presidente de Perú en solo 10 años y en el cuarto en ser removido por el Congreso en el mismo período. Antes de él, fueron destituidos Martín Vizcarra en 2020, Pedro Castillo en 2022 y Dina Boluarte en 2025. Tras la remoción de esta última, Jerí asumió la jefatura del Estado en octubre, al ser en ese momento el presidente del Congreso y el siguiente en la línea de sucesión.

Únicamente estuvo cuatro meses en el cargo y su caso, de acuerdo con analistas consultados por CNN, muestra algunos males que hoy afectan a la democracia en el país sudamericano, la inestabilidad que enfrenta y por qué es probable que otros presidentes tengan el mismo destino.

El proceso que concluyó en la destitución de Jerí comenzó hace algunas semanas, cuando medios locales difundieron imágenes suyas de reuniones fuera de la agenda oficial en establecimientos del empresario chino Zhihua Yang. Estos encuentros generaron dudas sobre la posibilidad de que Yang tuviera influencia en decisiones o contratos gubernamentales y dieron pie a que la Fiscalía de Perú abriera una investigación. Mientras tanto, Jerí negó haber cometido algún acto ilícito.

Durante los últimos días, a esto se sumó que la Fiscalía abrió otra indagatoria por posible tráfico de influencias agravado, debido a la contratación de nueve mujeres en el Palacio de Gobierno ya en el mandato de Jerí. CNN contactó a Jerí para pedir comentarios sobre este caso y está en espera de respuesta.

Para el abogado y analista político peruano Iván Lanegra, la “acumulación de cuestionamientos” contra Jerí se combinó con el contexto de las elecciones en puerta, de manera que los partidos que inicialmente le habían expresado respaldo al final apoyaron la moción de censura. En la sesión de este martes, el asunto se aprobó por 75 votos a favor y 24 en contra.

“Esa combinación de elementos ha ido aumentando el costo de respaldar la continuidad del presidente Jerí y eso ha terminado derivando en esta votación”, dijo Lanegra.

Ahora, en la sesión prevista para este miércoles, el Congreso definirá entre cuatro personas a quien presidirá el Parlamento y, con ello, se convertirá en presidente del país de forma interina. Los candidatos son Segundo Héctor Acuña Peralta, María del Carmen Alva Prieto, Edgard Cornelio Reymundo Mercado y José María Balcázar Zelada, según informó el Legislativo en su cuenta de X.

La destitución de Jerí no solo exhibe la forma en la que el político del Partido Democrático Somos Perú perdió apoyo por los cuestionamientos públicos. Además, de acuerdo con los analistas consultados, muestra una vez más cómo el sistema vigente en Perú permite que el Congreso remueva a los presidentes con relativa facilidad.

Esta posibilidad está sustentada hoy en dos factores, dicen los expertos: por un lado, la Constitución que entró en vigor durante el Gobierno de Alberto Fujimori (1990-2000), donde se encuentra establecido que el Congreso puede declarar la vacancia del presidente si considera que este cae en “permanente incapacidad moral”; por otro, la propensión de los actores políticos a querer utilizar este mecanismo como herramienta de negociación y presión.

Para el especialista Francisco Guerrero, senior fellow del Centro de Estudios México-Estados Unidos de la Universidad de California en San Diego, esta combinación representa una “manzana envenenada” para la democracia en Perú.

“La manzana envenenada, la manzana que está pudriendo a la democracia peruana está basada, está fundamentada en que la manera de deshacerse de los presidentes tiene que ver con la vacancia, y la vacancia que se plantea se da por una razón que es totalmente inasible, viscosa, líquida, que es este concepto de incapacidad moral. ¿Quién determina la incapacidad moral de un presidente o presidenta? Pues los propios legisladores. Entonces, estamos en un sistema que yo llamaría de incentivos perversos”, dijo.

Natally Soriano, profesora de la Escuela de Ciencias Sociales del Tecnológico de Monterrey, expresó un punto de vista similar. Desde su perspectiva, Perú no tiene hoy partidos fuertes, sino fragmentados y personalistas, lo que “hace que la negociación y la facilidad de corrupción se haga más dinámica teniendo una misma Constitución, es decir, no se ha cambiado la Constitución y esa Constitución ha permitido que se use la vacancia como arma política”.

Frente a esta situación, los analistas difieren sobre cuál puede ser puede ser la solución para la inestabilidad política en Perú.

Guerrero consideró que el país debería plantearse cambiar sus leyes en la materia.

“No es normal que un país tenga ocho presidentes en 10 años. Eso es una anomalía democrática y es anormal porque la democracia debe generar estabilidad, debe generar permanencia y, sobre todo, debe generar garantías a las ciudadanas y los ciudadanos que votan por un partido o candidato de que el programa de gobierno se va a llevar a cabo conforme al contrato de mandato”, dijo.

“Creo que cuando una legislación genera este tipo de incentivos perversos, debería cambiarse”, agregó.

En contraste, Lanegra estimó que el principal problema no está en las normas vigentes sino en el comportamiento de las organizaciones políticas y sus líderes.

“Más bien, el problema es estructural en el sentido de que los actores se han ido debilitando en su perfil político. Son actores que tienen intereses de corto plazo, de corto alcance y, entonces, los acuerdos a los que llegan son muy precarios y eso dificulta que los presidentes en general tengan posibilidad de mantenerse de manera estable en los cargos”, dijo.

A pesar de estas diferencias, los tres analistas coincidieron en que este riesgo de inestabilidad política será algo que heredará quien gane la presidencia en las próximas elecciones. Una sombra que será complejo combatir porque, sin candidatos con amplio respaldo ciudadano y más de 30 partidos en la contienda, lo previsible es que quien resulte electo carezca de fuerza política propia en el Congreso y debe negociar, con los peligros que eso implica.

“Es un desafío tremendo porque estos problemas estructurales van a continuar, no van a cambiar en el corto plazo. Por tanto, es clave construir algún tipo de acuerdo mínimo que le permita a esa persona tener por lo menos una coalición que lo sostenga. Y sería ideal que esa coalición se sostenga en acuerdos de mediano y largo plazo. Eso sería ideal, pero es muy difícil”, advirtió Lanegra.

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