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Sobre el terreno en la devastada zona fronteriza de China, aún se desconoce el destino de cientos de personas

Por Simone McCarthy, CNN

Una grieta sembrada de rocas es todo lo que queda de lo que antes era el puerto de Gyirong.

Este centro de tránsito y comercio situado a gran altitud desapareció por completo, dejando un paisaje lunar de piedras, grava y lodo en el que los equipos de emergencia continúan realizando búsquedas, según pudo constatar un equipo de CNN que accedió al lugar este domingo como parte de una visita organizada por el Gobierno.

A los periodistas se les proporcionaron cascos y botas para hacer frente al terreno cubierto de barro, todavía inestable, y al riesgo constante de nuevos deslizamientos de tierra.

Este paso fronterizo fue en su día un bullicioso punto de conexión para turistas y comerciantes que se desplazaban entre China y Nepal. Cientos de personas solían cruzarlo a diario en dirección al puerto nepalí de Rasuwa, situado justo al otro lado del río, o procedentes de este.

Todo cambió el 26 de agosto, cuando el puerto quedó engullido por una enorme ola de agua, al ser el primer punto de impacto de un deslizamiento de tierra y una inundación repentina que después arrasó Nepal. En unas devastadoras imágenes de vigilancia se vio a varias personas huir para salvar la vida cuando el torrente golpeó el puerto de Gyirong.

No se ha encontrado a ningún superviviente en el puerto, que se ha convertido en un punto de encuentro para familias tanto de China como de todo el mundo, desesperadas por obtener cualquier información sobre sus seres queridos, quienes creen que se encontraban en el puesto fronterizo cuando llegaron las inundaciones.

Aquí las respuestas no saltan a la vista. El enorme edificio de cinco plantas del puesto fronterizo, que se alzaba sobre los alrededores con el estilo grandioso de las instalaciones gubernamentales chinas, quedó arrasado. Todo lo que puede verse ahora del edificio son los vestigios de sus cimientos.

Lo mismo ocurre con el resto de este lugar, que antes contaba con agencias de viajes, un supermercado y un puente que conectaba China y Nepal. Todo quedó arrasado, sepultado por el muro de lodo y agua que se llevó por delante todo cuanto encontró a su paso.

Al entrar en la zona del desastre, una densa polvareda y la niebla llenan el aire. Numerosos vehículos de rescate y funcionarios por todas partes dirigen el tráfico. La carretera, completamente destruida, fue cubierta de grava para hacerla transitable.

La información sobre quiénes se vieron afectados aquí ha tardado en surgir desde el puerto, en contraste con Nepal, donde ha habido actualizaciones frecuentes sobre el número de personas rescatadas o cuya muerte fue confirmada.

Según la última actualización de China, dada a conocer el domingo por la noche, hora local —la primera en casi dos días—, se habían confirmado 43 muertos y 519 desaparecidos en su lado de la frontera. Entre los desaparecidos hay unos 261 extranjeros, según informó a la prensa Ren Wei, vicepresidente ejecutivo de la Región Autónoma del Tíbet.

Las autoridades chinas aún no han publicado una lista con los nombres de quienes se encontraban en el puerto en ese momento o de quienes se cree que están desaparecidos en este lado de la frontera. Esto ha suscitado interrogantes sobre la transparencia, especialmente entre las familias que buscan desesperadamente noticias de sus seres queridos desaparecidos.

Beijing ha defendido que la divulgación de información desde la remota zona del desastre ha sido abierta y oportuna. Su invitación a un grupo de alrededor de una decena de periodistas de medios internacionales —incluida CNN— para la visita cuidadosamente organizada de este domingo a la zona forma parte de un esfuerzo por mostrar las operaciones de rescate que se están llevando a cabo en el puerto.

El viaje está organizado conjuntamente por el Ministerio de Relaciones Exteriores de China y la Oficina de Información del Consejo de Estado. Aunque CNN participa en un itinerario planificado por los funcionarios para acceder a esta zona restringida, mantiene pleno control editorial.

Más de 1.000 personas han sido declaradas muertas y miles siguen desaparecidas tras la catástrofe del miércoles, según las autoridades de ambos países.

El viaje hasta aquí ha puesto de relieve lo remota que es esta región y lo difícil que fue para los equipos de rescate responder.

Llegar a esta parte del Tíbet ya supone un gran esfuerzo; las distancias en esta región son enormes. El equipo de CNN que participa en este viaje condujo unas ocho horas desde Lhasa, la capital regional del Tíbet, hasta Dingri, una ciudad cercana a la frontera con Nepal, el sábado, atravesando zonas situadas a altitudes de hasta 4.000 metros sobre el nivel del mar. Llegar al puerto, que se encuentra a una altitud menor, de 1.800 metros, tomó otras seis horas desde Dingri, donde se encuentra el aeropuerto más cercano.

Una estrecha carretera de dos carriles que conduce al puerto serpentea por montañas cubiertas de pinos, con innumerables curvas cerradas. Estas carreteras no fueron despejadas hasta el miércoles —siete días después de que ocurriera el desastre—, lo que finalmente permitió que miles de rescatistas entraran en la zona junto con maquinaria pesada. Anteriormente, un número menor de rescatistas llevaba a cabo las operaciones, llegando a pie, en barco o en aeronave.

Las labores de rescate durante los últimos 11 días también se han ralentizado o paralizado en ocasiones debido al riesgo de desastres secundarios, incluidos deslizamientos de tierra y desbordamientos de nuevos lagos, conocidos como lagos de barrera, que se formaron después de que los escombros y el lodo represaran partes de un río cercano. Esas condiciones, además de las fuertes lluvias y el terreno montañoso, dificultaron en ocasiones el acceso incluso por vía aérea.

Las autoridades también han advertido de un posible nuevo colapso en torno al glaciar de la montaña Langtang Lirung, en Nepal, que se agrietó y se desprendió, desencadenando el deslizamiento de tierra y las inundaciones del 26 de agosto.

El desastre de la semana pasada podría servir de catalizador para una vigilancia más intensiva de estos riesgos, así como para el intercambio de datos y la implementación de sistemas de alerta temprana entre China y Nepal, especialmente porque el riesgo de desastres naturales está aumentando y volviéndose más impredecible debido al cambio climático.

Pero, por ahora, la atención sigue centrada en la recuperación y, para las familias de los desaparecidos, en obtener información sobre lo que les ocurrió a sus seres queridos, incluidos aquellos que se cree que se encontraban en el puerto de Gyirong aquella fatídica mañana.

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