Colombia cuenta con normas antisísmicas para la construcción, pero estos dos factores agravaron el impacto del terremoto
Por Anabella González, CNN en Español
Edificios colapsados, balcones caídos, fachadas de iglesias que se derrumbaron en apenas segundos. Colombia tiene una historia sísmica de larga data, pero el terremoto del lunes, que se produjo a una profundidad de más de 100 kilómetros bajo tierra, generó daños estructurales aún en evaluación en los que también intervinieron otra serie de factores.
Sumado a una región que es sísmica en gran proporción; la construcción informal, la deficiencia en el mantenimiento de algunas estructuras y edificaciones vulnerables que se construyeron previo a las normativas antisísmicas más recientes son algunas de las causas de los daños más graves, apuntan especialistas consultados por CNN.
Más de 200 personas murieron y al menos 2.000 resultaron heridas luego de que el sismo de magnitud 7,4 se desató en José del Palmar, Chocó, al oeste de Bogotá, pasadas las 7 de la mañana del lunes, hora local. Las cifras podrían aumentar en los próximos días, a medida que avancen las tareas de rescate y recuperación.
Además del epicentro en el departamento de Chocó, ciudades como Cali, Pereira y Manizales, entre otras, han resultado gravemente afectadas por el movimiento sísmico, al igual que muchos municipios pequeños que rodean a estas ciudades.
El presidente de Colombia, Abelardo de la Espriella, informó este martes en un segundo reporte nacional que contabilizaban 1.136 viviendas destruidas, 48 edificios colapsados, 8.357 viviendas averiadas y 807 centros educativos también dañados, según dijo en una conferencia de prensa en Pereira, capital del departamento de Risaralda.
“Fue un sismo bastante profundo, que tiene una profundidad de un poco más de 100 kilómetros pero que, dada la cantidad de energía liberada, pudo llegar con mucha fuerza a la superficie y abarcó gran cantidad del territorio nacional”, explica a CNN el profesor Albert Ortiz, ingeniero civil y director de la Escuela de Ingeniería Civil y Geomática de la Universidad del Valle, en Cali.
Si bien se trata de un sismo que los investigadores pueden prever como probable y para el que se prepara la infraestructura, explica Ortiz, todavía hay falencias debido a un alto porcentaje de informalidad en la construcción, sobre todo en algunos municipios más pequeños que rodean a las ciudades más pobladas.
Este factor es crucial, coincide Rafael Camilo Gutiérrez Melgarejo, doctor en Estructuras y profesor de la Universidad Internacional de Florida. Dice que precisamente esa es una de las causas de los mayores daños: las construcciones que no tienen supervisión de ingenieros estructurales o la planificación adecuada. “En Colombia lastimosamente se tiene un índice muy alto de informalidad en la construcción, que está alrededor de 60 % y que realmente es muy alto”.
No obstante, los especialistas explican que generalmente es la combinación de varios factores lo que desencadena los derrumbes y daños, por lo que resulta poco probable llegar a identificar un solo indicador de forma independiente.
“Actualmente tenemos las estructuras con criterio de ingeniería que debieron soportar el sismo, tal vez con algunos daños en elementos no estructurales”, señala Ortiz, también investigador de la Red Colombiana de Ingeniería Sísmica (CEER, por sus siglas en inglés).
Sin embargo, prevalecen muchas estructuras construidas previas al primer reglamento oficial de construcción sismo resistente, creado en el año 1984 a raíz del destructivo sismo de Popayán, en el oeste de Colombia, ocurrido en 1983. La actualización más reciente de este código, llamado entonces código colombiano de construcciones sismo resistentes, fue en 2010.
Gutiérrez Melgarejo explica que, si bien la normativa ya existía, no fue “legislativamente exigible” hasta la reforma constitucional de Colombia de 1991. Por lo tanto, muchas edificaciones construidas previo a estos años son las más vulnerables, con mayores falencias a la hora de un movimiento sísmico de fuerte magnitud como el ocurrido en Chocó.
“Hay muchas estructuras que son muy viejas y no se han actualizado a los códigos actuales. Esto genera un problema porque a las estructuras, como a un vehículo, hay que hacerle mantenimiento, evaluaciones cada ciertos años para que no se deterioren ni las estructuras, ni los materiales”, dice Gutierrez Malgrejo, magíster en Ingeniería Civil.
En la actualización del reglamento de construcción en 2010, el Ministerio de Ambiente, Vivienda y Desarrollo Territorial de Colombia señaló que la reglamentación sismo resistente que había regido en los últimos años “cumplió su cometido principal de evitar colapso y daño estructural grave de las edificaciones” ante los sismos, pero aclaraba que seguía siendo “notoria” la desprotección de los elementos no estructurales “y su potencial peligrosidad para la vida humana”.
Ubicado en una zona sísmica, Colombia es un territorio parte de una región donde convergen placas tectónicas que hacen que este tipo de eventos sean frecuentes y esperables.
Los especialistas explican que este tipo de sismo de subducción, en el que la placa Sudamericana y la placa de Nazca colindan, ocurrió en particular en una zona sísmica de las más altas, donde las condiciones requieren de construcciones acordes.
Para un sismo de esta magnitud, los efectos son lo que se estiman los investigadores, dice Ortiz, que fue parte del Modelo Nacional de Riesgo Sísmico, donde estudian qué se puede esperar de un sismo en función de su grado de intensidad.
“Nosotros esperábamos que, para un sismo de esta magnitud, obviamente tuviéramos unos niveles de daño acordes a lo que estamos viendo, desafortunadamente porque tenemos estructuras que son muy vulnerables” en parte por falta de reparación, señala.
El mantenimiento de los edificios, dice, es relativo de acuerdo a cada ciudad o municipio.
Muchos edificios colapsados son construcciones que tienen alrededor de 30 años y que, al ser edificios residenciales, las personas no tienen el presupuesto para “reforzarlo”, agrega el profesor de la Universidad del Valle. Reforzar un edificio en Colombia de unos 5 o 6 pisos puede costar unos US$ 1.000.000, estima.
Gutiérrez Malgrejo dice por su parte que el mantenimiento de las estructuras es algo que afecta no solo a Colombia, sino también a otros países vecinos de Latinoamérica. Una problemática frecuente, analiza, es que las construcciones no se actualicen a lo que establecen las regulaciones más recientes.
Las edificaciones más antiguas, además, probablemente carecen de elementos que la ingeniería ha descubierto en años posteriores al sismo de 1983 y que impulsó la primera reglamentación a nivel nacional.
“A partir de las tragedias hemos aprendido cómo hacer las columnas, cómo hacer las vigas, cómo hacer los muros, cómo restringir la flexibilidad del edificio… no se trata de que la estructura está mal construida, sino que se construyó en una época donde los requerimientos eran otros”, apunta Ortiz. Esto se traduce en daños en elementos de mampostería y bloques de ladrillo, un tipo de construcción muy común en el país.
Los ingenieros coinciden en que a Colombia podrían esperarle meses de recuperación. Evaluaciones sobre daños, edificaciones y estructuras en riesgo serán apenas los primeros pasos de una reconstrucción que llevará tiempo.
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