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Otero Alcántara habla del exilio, el arte y la Cuba que imagina: “Yo creo en la democracia. La gente es la que va a escoger”

Por Carolina Peguero y Rocío Muñoz-Ledo, CNN en Español

Luis Manuel Otero Alcántara llegó a Miami hace apenas unos días, después de cinco años preso en Cuba. Allí, desde el exilio, dice que confía en que serán los propios cubanos quienes decidan el futuro del país, que se encuentra cada vez más sofocado por las crecientes presiones del Gobierno de Donald Trump que incluyen la amenaza de un intento por tomar el control de la isla.

“No, yo creo en la gente. Yo creo que la gente escogerá el líder que sea. Yo creo en la democracia. La gente es la que va a escoger”, dice el artista visual y disidente cubano en una entrevista con CNN desde la Ermita de la Virgen de la Caridad del Cobre, un lugar de gran significado para los cubanos ubicado a 90 millas de la isla, al que llegó apenas aterrizó en Miami.

Mientras el Gobierno de Cuba no ha hecho comentarios sobre la liberación y el exilio de Otero Alcántara, el de Estados Unidos le dio la bienvenida a través de un mensaje del secretario de Estado, Marco Rubio. Político de origen cubano y frecuente crítico del régimen comunista que gobierna en el país caribeño desde 1959, Rubio dijo en un comunicado que “el único ‘crimen’ de Otero Alcántara fue rehusarse a quedarse en silencio y usar su arte para exigir libertades básicas que se les han negado a los cubanos por casi siete décadas”.

La llegada de Otero Alcántara a Estados Unidos ocurre en medio de crecientes tensiones entre Washington y La Habana, que este año han estado marcadas por sanciones estadounidenses, una acusación penal contra el expresidente Raúl Castro y la amenaza de un intento por tomar el control de la isla. Cuba ha rechazado todas estas medidas y acusa a Estados Unidos de querer llevar a cabo una agresión contra un país soberano.

Mientras asimila su nueva vida en un país que está aprendiendo a conocer, el artista visual y disidente cubano de 38 años habló en una entrevista con CNN del arte que lo mantuvo vivo, las protestas del 11 de julio y la Cuba que imagina.

Otero Alcántara fue detenido el 11 de julio de 2021 durante las protestas masivas que sacudieron la isla ese año que, a decir de algunos disidentes, marcaron una ruptura definitiva entre varios sectores de la sociedad y el Gobierno.

El artista visual, uno de los fundadores del Movimiento San Isidro, ya era una figura conocida dentro del activismo cultural en la isla. El colectivo protesta contra un decreto que, según sus integrantes, criminaliza la producción cultural en Cuba.

Como artista visual y del performance, en Cuba organizó exposiciones, conciertos, recitales, debates y firmas de manifiestos. También participó en protestas y huelgas de hambre por diversos temas —como exigir la liberación de personas detenidas—, por lo que desde 2016 afirma haber sido blanco de alrededor de 60 arrestos y de la vigilancia de las fuerzas de seguridad.

Tras su arresto en julio de 2021, las autoridades lo acusaron de desacato, desórdenes públicos y ultraje a los símbolos de la patria. Sus seguidores rechazaron los cargos, pero fue condenado a cinco años de prisión y recluido en la cárcel de Guanajay, en la provincia de Artemisa, en el oeste de Cuba.

Durante esos años en el encierro, dice que la pintura fue lo que le permitió resistir, incluso en momentos en que sostener un lápiz parecía una tarea difícil. Aun así, continuó creando como una forma de canalizar sus emociones y procesar el paso del tiempo.

“Como que me pesaba el lápiz, el bolígrafo me pesaba todo y no dejaba de trabajar”, cuenta. “Había muchas energías pasando ahí que tenía que canalizar a partir de ahí y me sirvió para lidiar con mi ansiedad, con la temporalidad, con el tiempo y demás”, añade.

Ya en libertad, Otero Alcántara reconoce que el arte fue fundamental para atravesar los años recluido, un periodo en el que creó alrededor de 4.000 obras. “Los dibujos me salvaron literalmente. Si no, creo que hubiera sido imposible pasar cinco años”.

Para Otero Alcántara, las protestas del 11 de julio de 2021 fueron el resultado de un proceso que venía acumulándose durante años. Como uno de los fundadores del Movimiento San Isidro, ya había participado en distintas acciones de protesta y reclamos ciudadanos antes de ese día, pero asegura que no imaginó la magnitud que tendría aquella jornada.

Los mensajes comenzaron a llegarle pidiéndole que convocara a salir a las calles. Él pensaba que sería una protesta más, pero con el paso de las horas entendió que algo diferente estaba ocurriendo.

“Yo pensaba realmente que era una de las tantas protestas que se estaban dando en ese momento”, recordó sobre las movilización, en la que miles de jóvenes y adultos salieron a las calles con cacerolas para reclamar mejores condiciones de vida y servicios básicos como electricidad y agua.

Ese día salió desde el barrio del Cerro hacia La Habana Vieja, uno de los puntos donde se concentraban los manifestantes. Allí dice que fue detenido por agentes de la Seguridad del Estado. Mientras era trasladado en una patrulla, escuchó por la radio los reportes sobre miles de personas movilizándose en distintos puntos de la ciudad.

“Escuché por la radio que llegaban 10 mil personas… ya lo que tenia que hacer ya lo había hecho”, recuerda haber pensado como una confirmación de que el movimiento había trascendido.

Para Otero Alcántara, el 11 de julio fue el momento en que una sociedad marcada por años de carencias y frustraciones encontró la fuerza para reclamar un cambio. “Yo sentía que iba haber algo grande. Como una explosión”, dice. “Al final la gente salió por esa chispa, como el Big Bang”.

Aunque condena la violencia que siguió a las protestas, que duraron varios días y terminaron en la detención de más de 1.400 personas, dice que aquel día representó un despertar ciudadano. “No era feliz por la violencia, porque la violencia siempre es mala, pero sí feliz de despertar de un pueblo luchando por sus libertades”.

Aunque Miami era el destino más cercano y donde tiene familiares, amigos y vínculos culturales, Otero Alcántara reconoce que comenzar esta etapa implica adaptarse a una nueva realidad. No habla inglés y llega a un país que todavía está aprendiendo a conocer.

“Todo está bonito. Viste la gaviota, qué bonita. Las flores, los sonidos, todo, el mar limpio, huele a limpio. En La Habana el mar huele a petróleo, sucio todo”, comenta.

Durante la entrevista, algunos cubanos que pasan por la Ermita se acercan para saludarlo, abrazarlo y tomarse fotografías con él. “Bienvenido al exilio”, le dicen.

El artista, que fue incluido en la lista de la revista Time de las 100 personas más influyentes del mundo en 2021, explica que todavía intenta entender la dimensión del apoyo que recibe.

“Cada abrazo que te dan te está transmitiendo energía. Es un poder que también tienes que metabolizar. Nunca te han dado tantos abrazos, tantos besos, nunca te han dicho ‘eres un símbolo’. Y cada vez que te lo dicen, tu cabeza trata de encontrar respuestas: ¿qué significa todo eso?”, dice.

Para Otero Alcántara el exilio siempre fue la opción, pero la llegada a Estados Unidos también tiene un costo personal. Su hijo de 16 años permanece en Cuba y uno de sus mayores deseos es poder volver a abrazarlo y acompañarlo en una etapa de su vida en la que necesita respuestas.

“Esto no es La Habana y tu cuerpo sabe que no es La Habana y que no puede regresar ahora que hay una dictadura. Siento confusión, qué significa esto y esta realidad. (…) Pero no voy a perder un minuto. Porque perder un minuto es perder un minuto de dictadura”, explica.

Desde Miami, Otero Alcántara sigue pendiente de quienes permanecen encarcelados en Cuba. Entre ellos está Maykel Castillo Pérez, conocido artísticamente como Maykel Osorbo, con quien compartió la canción Patria y Vida, convertida en símbolo de las protestas cubanas y ganadora de dos premios Grammy.

Espera que el rapero pueda salir pronto, pero advierte que la situación de los presos políticos en la isla va más allá de un solo caso. “Vamos a tener que gastar la vida entera luchando por los presos, por los nuevos Maykel, los nuevos Manuel, los nuevos presos políticos”.

La organización no gubernamental Prisoners Defenders señala que a la fecha hay más de 1.300 presos políticos en Cuba. En tanto, el Gobierno rechaza que en la isla se cometan abusos a los derechos humanos y defiende los procesos penales contra las personas que están en prisión.

A lo largo de la entrevista, Otero Alcántara también insiste en que imagina una Cuba donde los propios cubanos puedan decidir su destino y donde las diferencias puedan encontrar un punto de encuentro.

Ese mismo mensaje está en la Virgen de la Caridad del Cobre fracturada que llevó consigo al exilio y reconstruyó pieza por pieza junto a la comunidad en la Ermita tras su llegada a Miami. Para el artista visual y disidente, la obra representa una Cuba marcada por décadas de divisiones, pero también la posibilidad de volver a encontrarse y reconstruirse.

“Es ese punto donde todos nos encontramos aún con diferentes colores políticos, con divergencias, con problemas, con conflicto”, explica.

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