Skip to Content

Colombia apuesta por “el Tigre”, un populista de extrema derecha respaldado por Trump que se encamina a la presidencia

Por Stefano Pozzebon, CNN

Un populista de extrema derecha respaldado por el presidente estadounidense Donald Trump ganó el recuento preliminar de las elecciones presidenciales de Colombia este domingo, prometiendo que votar por él supondría una ofensiva definitiva contra la crisis de delincuencia y conflicto armado que afecta al país desde hace décadas.

Abelardo de la Espriella, un exabogado penalista que se hace llamar “el Tigre”, posee pasaportes estadounidense e italiano, además del colombiano. “¡Ganó a lo grande!”, publicó Trump en Truth Social a última hora del domingo, junto a un artículo sobre los resultados en Colombia. Con el 99,91 % de los votos escrutados en la reñida segunda vuelta del domingo, el recuento preliminar mostraba al candidato de 47 años con una estrecha ventaja.

Durante la campaña, De la Espriella acaparó la atención al ofrecer soluciones rápidas a diversos problemas, incluido el amargo legado del descuidado acuerdo de paz de 2016, en medio de un resurgimiento de la violencia que ha llevado a los grupos armados a colocar minas antipersona nuevamente y a que alumnos de quinto grado en escuelas rurales reciban clases regulares sobre cómo actuar ante municiones sin explotar.

Respaldado por Trump, se ha beneficiado de la misma ola que ha llevado al poder a otros populistas de derecha en América Latina, defendiendo una política de mano dura en materia de justicia penal. Al igual que el presidente de El Salvador, Nayib Bukele, De la Espriella quiere abrir una serie de megaprisiones; también aboga por una reducción drástica del gasto público, tal como propone el presidente argentino Javier Milei, conocido por su retórica de la “motosierra”.

Su falta de experiencia no disuadió a sus seguidores ni a sus valedores políticos. Trump, Bukele y Milei han expresado su apoyo a De la Espriella, sumándose a destacadas figuras de la extrema derecha, como la primera ministra italiana Giorgia Meloni y la familia del expresidente brasileño Jair Bolsonaro.

Antes de incursionar en la política, De la Espriella trabajó como abogado en casos de gran repercusión, incluido un escándalo de prostitución que involucró a agentes del Servicio Secreto de EE.UU. durante la visita del expresidente Barack Obama a Cartagena en 2012. También representó a Alex Saab, presunto financista del derrocado presidente venezolano Nicolás Maduro, quien fue extraditado recientemente a Estados Unidos bajo cargos de lavado de dinero.

Años antes de entrar en política, cuando se le preguntó sobre su cercanía con clientes polémicos durante su ejercicio como abogado, De la Espriella respondió que “la ética no tiene nada que ver con el derecho”.

Sus planes generales para gobernar Colombia siguen siendo una incógnita. Su campaña fue ruidosa pero escasa en detalles, y De la Espriella aún no ha publicado un plan de gobierno. Sin embargo, la elección de su vicepresidente —el exministro de Hacienda José Manuel Restrepo— sugiere que buscará el apoyo de algunos sectores del establecimiento conservador.

Un punto de fricción es que el movimiento político de De la Espriella, “Defensores de la Patria”, no cuenta con escaños ni en la Cámara de Representantes ni en el Senado de Colombia. Para aprobar leyes, el nuevo presidente deberá negociar acuerdos con los partidos tradicionales de derecha que se opusieron al actual presidente, Gustavo Petro.

Sus múltiples pasaportes podrían plantear otro problema. De la Espriella siempre ha expresado orgullo por su doble nacionalidad, pero los ciudadanos estadounidenses naturalizados prestan un juramento de lealtad que podría entrar en conflicto con los deberes de un jefe de Estado extranjero. Él ha afirmado que poseer un pasaporte estadounidense le ofrecería mayor protección frente a posibles amenazas en Colombia.

Pero el verdadero y monumental desafío que le espera es cómo poner fin al ciclo crónico de violencia que ha marcado la historia de Colombia desde su independencia.

Colombia, el mayor productor de cocaína del mundo, ha visto cómo sus planes de paz se descarrilaban diez años después de que el muy celebrado acuerdo de paz de 2016 prometiera poner fin a la guerra civil más larga del hemisferio occidental.

Grupos criminales han ocupado el vacío dejado por las ya disueltas Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). Estos grupos están ampliando sus filas; tan solo el año pasado reclutaron a 5.000 nuevos miembros, según la Fundación Ideas para la Paz, un centro de estudios local especializado en seguridad.

Las cifras del Gobierno muestran que, en los últimos años, han aumentado un 20 % en el país las lesiones y muertes causadas por minas antipersona, una táctica empleada anteriormente por las FARC y ahora por grupos más recientes.

“Después del acuerdo de paz, hubo zonas donde el Estado había certificado como libres de minas. Hoy, volvemos a contabilizar víctimas en esas mismas áreas”, afirma el coronel (r) Luis Villamarín, oficial retirado del Ejército colombiano especializado en operaciones antiguerrilla. “Se están perdiendo en meses diez años de trabajo de desminado”.

El presidente saliente, Gustavo Petro, adoptó un enfoque inclusivo para combatir la delincuencia. Bajo el lema de “Paz Total”, su estrategia consistió en negociar con los insurgentes en lugar de perseguirlos militarmente. En una entrevista con CNN, sostuvo que esta estrategia apenas empieza a dar frutos, ya que los cultivos de coca del país —una fuente clave de ingresos para los grupos armados— finalmente se están reduciendo por primera vez desde 2019.

En cambio, De la Espriella ha prometido mano dura. El probable próximo presidente —cuyo mensaje político gira en torno a la imagen de un tigre y que llama a sus seguidores “la manada”— se ha comprometido a poner fin a la “Paz Total” y a lanzar una ofensiva frontal contra los grupos criminales en estrecha coordinación con las fuerzas armadas de Estados Unidos, una medida que la Casa Blanca ha reclamado insistentemente.

También ha planteado un “Plan Colombia 2.0” para abordar la violencia, en referencia al antiguo plan de cooperación militar entre Estados Unidos y Colombia vigente en los años previos al acuerdo de 2016.

En este sentido, De la Espriella ha convencido a los votantes con la promesa de un retorno al pasado y un enfoque más contundente en materia de seguridad y lucha contra el crimen; estrategias que, hasta ahora, no han logrado resolver los problemas persistentes de Colombia.

“Vivimos un momento en el que necesitamos mucha innovación para hablar de paz y seguridad”, señala Carlos Prieto, miembro del equipo negociador de 2016. “Debemos replantear nuestras estrategias a fondo, aprovechar las lecciones del pasado y aplicar un poco de creatividad”.

Claramente ha demostrado ser capaz de llevar adelante una campaña creativa, pero gobernar el país es otra cuestión.

The-CNN-Wire
™ & © 2026 Cable News Network, Inc., a Warner Bros. Discovery Company. All rights reserved.

Con información de Max Feliu, de CNN.

Article Topic Follows: CNN - Spanish

Jump to comments ↓

CNN Newssource

BE PART OF THE CONVERSATION

KRDO NewsChannel 13 is committed to providing a forum for civil and constructive conversation.

Please keep your comments respectful and relevant. You can review our Community Guidelines by clicking here

If you would like to share a story idea, please submit it here.