40 años después, la historia de Argentina en el Mundial de México 1986: Maradona, la mano de Dios y el gol del siglo
Por Hugo Manu Correa, CNN en Español
Es una estrella que estará por siempre brillando en el firmamento del fútbol argentino. La consagración en el Mundial de México 1986 no consistió solo en levantar el segundo trofeo de la Copa del Mundo para la Albiceleste: también fue ver en acción en todo su esplendor a un genio del fútbol.
Diego Maradona regó los campos de juego de México con su magia, hechizando a todo un país y también a sus propios rivales, haciendo de la edición en tierra azteca una de las más fascinantes de todos los tiempos.
El camino para llegar al Mundial fue tortuoso, complejo y con una clasificación dramática. El equipo dirigido por Carlos Bilardo no convencía y en las eliminatorias estaba lejos de tener un digno nivel. Su fútbol gris no lograba enamorar a los hinchas. Algunos partidos eran buenos y otros eran decididamente malos.
La prensa especializada le hacia una crítica feroz a su conductor, quien proponía un fútbol donde la estética no estaba dentro de sus prioridades. La estrategia, la táctica y el orden eran radicalmente distintos al juego que históricamente tenía el seleccionado argentino. Julio Grondona, mandamás de la AFA, sostuvo contra viento y marea su apoyo incondicional hacia el exentrenador de Estudiantes de La Plata.
El equipo de Bilardo formó parte del Grupo A con Italia, Bulgaria y Corea del Sur. Su debut fue ante la selección asiática, a la que venció 3-1 con goles de Oscar Ruggeri y Jorge Valdano (doblete). La marca celosa, agresiva y por momentos violenta hacia Maradona, fue uno de los rasgos distintivos de este partido.
Tras el buen debut, llegó Italia. La poderosa selección europea representaba un fuerte examen para saber exactamente cuál era la realidad futbolística de la Albiceleste.
El duelo comenzó cuesta arriba para los de Bilardo, pues a los siete minutos Italia ya ganaba 1-0, pero Argentina manejo el partido con aplomo, empatando el trámite a los 34 minutos con un gran gol de Diego Maradona. Fue 1-1.
El tercer compromiso fue ante Bulgaria, a la que Argentina le ganó 2-0 con goles de Jorge Valdano y Jorge Burruchaga. Argentina ganó su grupo dejando una imagen de equipo sólido, con buen fútbol y con un ascendente funcionamiento.
En los octavos de final, llegó un bravo desafío ante Uruguay, todo un clásico sudamericano. El equipo Celeste, que contaba con Enzo Franchescoli como principal figura, no se la hizo fácil a Argentina, que apenas logró imponerse 1-0 con gol de Pedro Pablo Pasculli.
El equipo de Bilardo comenzó a ser visto como un potencial y serio candidato al título. Mostraba solidez, estaba bien aceitado y tenía rendimientos individuales de mucho brillo. Diego Maradona mostraba su talento cada vez con más desparpajo. Se le sumaban Ricardo Giusti y su maestría táctica. Ruggeri era un león en el fondo. Jorge Valdano era un torbellino en la delantera. Jorge Burruchaga, el socio de Diego Maradona, estaba afilado y en plenitud. Héctor Enrique era un comodín que ofrecía fútbol, despliegue y riqueza táctica. Sergio Batista era la balanza, la recuperación del balón y el termómetro en el mediocampo.
Ante Inglaterra había algo más que un pasaje a semifinales en juego. Con la sombra doliente de la Guerra de Malvinas, solo cuatro años atrás, el duelo estaba cargado de simbolismos.
Fue el partido en el que Diego Maradona dejó su huella indeleble, uno de los más memorables de toda la historia del Mundial.
Argentina ganó 2-1 con dos tantos del “Pibe de Oro”. El primer gol de Maradona llegó a los 52 minutos: el balón fue hacia el arco defendido por Shilton y Maradona saltó con el portero, golpeando la pelota con su mano sin que lo advirtiera el árbitro Ali Bin Nasser. Con Shilton a la cabeza, Inglaterra protestó airadamente, pero el gol fue convalidado.
Con una Inglaterra aún aturdida y con una Argentina cada vez más omnipotente, Maradona dio otro lacerante golpe para aplastar a Inglaterra. El crack argentino gestó en el minuto 55 el momento más épico en la historia mundialista: hizo un gol imposible.
El murmullo en el estadio Azteca se transformó en creciente ovación a medida que el genio avanzó a velocidad supersónica hacia el arco esquivando rivales. Consumada la epopeya, la afición explotó con visceral grito de gol, mixturado con gritos de alegría y aplausos de admiración. Era un gol antológico.
El tanto, el mejor en la historia de la Copa el Mundo, fue retratado por propios y extraños con igual admiración. El uruguayo Víctor Hugo Morales lo inmortalizó con su ya popular “barrilete cósmico, de qué planeta viniste”. El goleador inglés Gary Lineker dijo que “fue la única vez que quise aplaudir a alguien dentro de la cancha”.
El inglés Bryon Buttler lo narró diciendo: “Ahí va la pequeña máquina, pasa a Butcher y lo deja muerto… pasa a Fenwick y lo deja muerto… se guardó la pelota… y por eso Maradona es el mejor jugador del mundo… enterró a toda la defensa inglesa… es un gol de gran calidad. El primer gol nunca debió ser convalidado, pero Maradona ha puesto el sello de su grandeza. Ha dejado su huella en esta Copa del Mundo. Inglaterra 0, Diego Maradona 2”.
En semifinales, Argentina se midió ante Bélgica. Con la confianza por las nubes y un Maradona resplandeciente que marcó dos goles, la Albiceleste derrotó 2-0 a los europeos y viajó sin problemas al partido definitorio.
La final ante la poderosa Alemania comenzó bien para los de Bilardo. José Luis Brown adelantó a Argentina a los 23 minutos de cabeza, y a los 56 Jorge Valdano estampó el 2-0 con una gran corrida y definición. Pero la selección de Franz Beckenbauer, además de contar con jugadores de calidad, era dueña de un carácter de hierro. Dos goles con el sello de pelota parada, a los 75 y los 81, marcados por Karl Heinz Rummenigge y Rudi Voller, le pusieron dramatismo a la infartante final.
La final tenía olor a tiempo extra, pero a los 84 Maradona hizo una habilitación de billar para Burruchaga, y este definió de manera fantástica ante el portero Harald Schumacher.
Fue el 3-2 para Argentina y la segunda estrella para la Albiceleste. Una consagración hecha por un equipo que plasmó un fútbol de altísima jerarquía. Sólido, rico tácticamente, con intérpretes en un altísimo nivel y dueños de una gran personalidad. El diferencial fue Diego Armando Maradona, el que enamoró a todos. Además de ser elegido el mejor jugador del Mundial, su desparpajo escénico catapultó a Argentina como una potencia cada vez más fuerte en la historia del fútbol, y posicionó al 10 como un ícono eterno del balompié.
The-CNN-Wire
™ & © 2026 Cable News Network, Inc., a Warner Bros. Discovery Company. All rights reserved.